VIVIR CON CORAZÓN MISERICORDIA Y DULZURA

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  Lunes 22 de Septiembre de 2014 Oración de Zaqueo: El texto evangélico es el relato de zaqueo, adaptado del evangelio de Lucas Lc 19, 1-10): Jesús entró en la ciudad de Jericó y la fue atravesando, cuando
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Lunes 22 de Septiembre de 2014 Oración de Zaqueo: El texto evangélico es el relato de zaqueo, adaptado del evangelio de Lucas Lc 19, 1-10): Jesús entró en la ciudad de Jericó y la fue atravesando, cuando un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores y muy rico, intentaba ver quién era Jesús; pero a causa del gentío, no lo conseguía, porque era bajo de estatura. Se adelantó de una carrera y se subió a un árbol para verlo, pues iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al sitio, alzó la vista y le dijo: «Zaqueo, baja aprisa, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa». Bajó a toda prisa y lo recibió muy contento. Al verlo, murmuraban todos porque entraba a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres, y a quien haya defraudado le restituyo cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, pues también él es hijo de Abrahán. Porque este Hombre vino a buscar y salvar lo perdido». Te doy gracias, Señor, porque igual que con Zaqueo, también sales a mi encuentro, me llamas por mi nombre y me dices «Bájate de ahí, que quiero pasar el día contigo». Gracias Jesús porque te acercas a mí, porque me quieres; mis padres se acercan así también a mí, porque me quieren. Gracias, Jesús, por compartir nuestra vida y por enseñarnos que hay cosas que tenemos que hacer mejor, para que la vida sea más bonita para todos. Gracias, Jesús, porque vas de camino al encuentro de los demás. Enséñame a que yo también pueda hacer lo mismo: llamar a los otros por su nombre, acogerles tal como son, incluso aunque no me caigan bien, y perdonar al que se equivoca. Porque tú eres así conmigo, y con todos. Martes 23 de Septiembre de 2014 El texto es el relato de la llamada de los primeros discípulos que están pescando junto al lago: Jesús tenía amigos. No solo tenía amigos; vivía con ellos. Él los había ido buscando eran muy distintos unos de otros. A uno que se llamaba Mateo lo encontró trabajando en una oficina, era un funcionario! Pero lo que más abundaba en el grupo eran los pescadores, porque en la tierra de Jesús había un lago grande en el que la gente pescaba. Un día, Jesús se paseaba a la orilla de ese lago y vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, que estaban pescando; tenían una barca pequeña y unas redes. Y se quedó observándoles, porque a todos nos gusta mirar cuando otros hacen cosas. A Jesús también. Volvían de pescar; traían unos cuarenta peces bastante grandecitos, después de toda la noche en la barca. Llegaron a la orilla y se pusieron a descargar. Bajaron las redes, las limpiaron y las ordenaron, porque las redes se desordenan mucho cuando se pesca. A Jesús le gustaron aquellos hermanos Pedro y Andrés; veía que se ayudaban y se entendían; trabajaban bien juntos, aunque eran un poco brutos hablando; se reían a carcajadas por cualquier cosa; tenían buen humor. Jesús sentía ganas de conocerlos. Así que, ni corto ni perezoso, se puso a hablar con ellos. Enseguida se cayeron bien. Hablaban y reían; Jesús les ayudaba a ordenar la barca, a descargar los peces A lo largo de la conversación Jesús les iba conociendo Cuando ya estuvo todo recogido, llegó la hora de despedirse; pero Jesús no quería decir adiós; quería que Pedro y Andrés fuesen siempre sus amigos Así que se lo dijo. «Oye, he pensado que por qué no venís conmigo. La verdad es que no tengo mucho que ofreceros, pues soy pobre. Pero nuestra amistad es más importante. Podemos hacer muchas cosas juntos». Pedro y Andrés se quedaron sorprendidos de aquella invitación, no sabían qué decir pero ambos se miraron y se decían por dentro Por probar nada se pierde. Y decidieron irse con Jesús. Así Jesús fue haciendo amigos hasta que fueron trece los más íntimos: su grupo de doce amigos, más él Te doy gracias, Señor Te doy gracias, Señor Jesús porque has venido a verme, te sabes mi nombre y quieres ser amigo mío. Quiero pedirte que yo también sepa responder con mi amistad y cariño. Y haga las cosas que a ti te gustan. Que siempre sea de tu grupo de amigos. Amén. Miércoles 24 de Septiembre de 2014 Lo más importante: Lo más importante no es: Que yo te busque, Sino que tú me buscas en todos los caminos. Que yo te llame por tu nombre, sino que el mío está tatuado en la palma de tu mano. Que yo te grite cuando me faltan las palabras, sino que tú gimes en mí con tu grito. Que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro. Que yo te comprenda, sino que tú me comprendas en mi último secreto. Que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vives en mí, y te expresas a tu manera. (2 Que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas. Que yo trate de animarme y planificar, sino que tu fuego arde dentro de mis huesos. Porque, cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... si tú no me buscas, llamas y amas primero? El silencio agradecido, es mi última palabra, y mi mejor manera de encontrarte. Cristo dentro de mí, Cristo detrás de mí, Cristo delante de mí, Cristo a mi derecha, Cristo en mi casa, Cristo en mi camino, Cristo en mi puesto de trabajo, Cristo en todos los ojos que me ven, Cristo en todos los oídos que me escuchan, Cristo en la boca de todo aquel que me habla, Cristo en el corazón de todo aquel que piensa en mí, Cristo conmigo y yo con Cristo, siempre y en todas partes. Jueves 25 de Septiembre de 2014 María madre humilde: La lectura es una adaptación del relato de la Visitación en el evangelio de Lucas (Lc 1, 39-45): Estaba María muy emocionada, pensando en las palabras del ángel, y de repente, sin saber cómo, se dio cuenta de que su prima Isabel podría necesitarla. María se puso en camino a una ciudad llamada Ain Karem, donde vivía su prima. Fue un viaje complicado, porque no había carreteras, así que tuvo que ir por senderos entre montañas Mientras caminaba, María iba pensando en el niño que llevaba dentro y también en su prima. Llegó a casa de Isabel, que se encontraba con su marido, Zacarías. Cuando María entró en la casa, saludó y pasó algo sorprendente. Su prima también estaba embarazada, y al oír a María, el niño que Isabel tenía dentro, se movió como si supiera que estaba ante la Madre de Jesús, el Hijo de Dios, y quisiera dar un aplauso enorme. Isabel al darse cuenta dijo a su prima: María, bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre. Feliz tú que has creído lo que te ha dicho Dios. Gracias, María Porque te fiaste del ángel - Gracias, María. Porque fuiste sencilla, - Gracias, María. Porque cuando estabas embarazada, fuiste a servir a tu prima Isabel - Gracias, María. Porque te arriesgaste - Gracias, María. Porque dijiste que sí - Gracias, María. Porque diste tu vida por Dios - Gracias, María. Porque eres ejemplo para nosotros y queremos parecernos a ti - Gracias, María. Porque tu vida no fue fácil y tuviste que luchar, como lucha mi familia - Gracias, María. Porque siempre acompañaste a Jesús, aunque seguro que algunas veces tenías miedo - Gracias, María. Viernes 26 de Septiembre de 2014 Oración por los Padres: El texto evangélico de referencia (adaptado para niños) es Lc 2, 41-52: Jesús crecía y se fortalecía, y se iba haciendo más sabio. Dios lo cuidaba. Cuando llegaba la fiesta de Pascua sus padres iban cada año a Jerusalén. Cuando Jesús cumplió doce años, lo llevaron por primera vez con ellos. Pero a la vuelta, sin que sus padres lo supieran, Jesús se quedó en la ciudad. Cuando se dieron cuenta volvieron a buscarlo. Estaba en el templo, entre los hombres más sabios. Y estos le escuchaban, muy sorprendidos porque hablaba con inteligencia. Su madre, entonces, le dijo: «Jesús, hijo, nos has dado un susto de muerte. Te hemos estado buscando como locos». Y Jesús les contestó: «Pero no teníais que haberme buscado. El templo es la casa de mi Padre». Después volvieron todos a su casa, en Nazaret. Y allí Jesús vivió bajo la autoridad de sus padres. María guardaba todo en su corazón, y Jesús se iba haciendo más sabio, más alto y más bueno. Hoy os invitamos a pensar en la acción de gracias y la confianza. «Piensa en cómo tus padres se preocupan por ti si algo te pasa, o si enfermas, o si estás triste, y dale gracias a Dios por tus padres» «Es importante obedecer y sobre todo fiarse, porque los padres quieren lo mejor para cada uno». La oración con la que terminamos es: Son mis padres Cuando enfermo, ellos me atienden, Cuando me canso, me llevan en brazos. Cuando tengo frío, me arropan. Y si tengo hambre, se preocupan de que coma. Cuando me disgusto, me secan las lágrimas, y si me equivoco, me enseñan. Si me pierdo, me encuentran. Si me enfado, me arrancan una sonrisa. Son mis padres, que cuidan de mí.
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