Veit Heinichen. La calma del más fuerte

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  Calmamasfuerte.indd 3 12/4/10 10:57:03 Veit Heinichen La calma del más fuerte Traducción del alemán de Isabel García Adánez Nuevos Tiempos Ediciones Siruela Calmamasfuerte.indd 5 12/4/10 10:57:04 Todos
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Calmamasfuerte.indd 3 12/4/10 10:57:03 Veit Heinichen La calma del más fuerte Traducción del alemán de Isabel García Adánez Nuevos Tiempos Ediciones Siruela Calmamasfuerte.indd 5 12/4/10 10:57:04 Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Título original: Die Ruhe des Stärkeren En cubierta: Zero longitude, Greenwich, England, foto de Bruce Dale/National Geographic/Getty Images Diseño gráfico: Gloria Gauger Paul Zsolnay Verlag Wien 2009 De la traducción, Isabel García Adánez Ediciones Siruela, S. A., 2010 c/ Almagro 25, ppal. dcha Madrid. Tel.: Fax: ISBN: Depósito legal: M Impreso en Cofás Printed and made in Spain Papel 100% procedente de bosques bien gestionados Calmamasfuerte.indd 6 12/4/10 10:57:04 Índice La calma del más fuerte Pina presa del pánico 13 El deseo de Duke 24 Hacia el abismo 40 Caviar y tren 44 Ante el abismo 58 Ardillas disecadas 64 Derivados 100 Navidad, Navidad, dulce Navidad 121 De camino hacia el abismo 136 Abrazados seáis, millones Junto al abismo de Trebiciano 164 En tierra de nadie 171 Alegría, bellas chispas divinas 181 Después del abismo 210 Todos los hombres se hermanan 212 Noche de paz 253 El séptimo día 255 Ha de morar un padre bueno 294 Calmamasfuerte.indd 7 12/4/10 10:57:04 La calma del más fuerte Calmamasfuerte.indd 9 12/4/10 10:57:04 Il sempre sospirar nulla rileva 1. Petrarca 1 La cita procede de la «Palinodia al Marchese Gino Capponi» (canto XXXII, «El perpetuo suspirar no despierta atención»). (N. de la T.) Calmamasfuerte.indd 10 12/4/10 10:57:04 Ya había pasado el joven a través de los aires por encima de Europa y de la tierra de Asia; arriba a los parajes de Escitia. Linco era el rey del país; visita aquél la casa del rey. Al preguntársele por dónde ha venido, el motivo de su viaje, su nombre y su patria, dijo: «Mi patria es la gloriosa Atenas, Triptólemo mi nombre. No he venido ni en navío a través del mar ni a pie a través de la tierra; el aire se abrió a mi paso y ha sido mi camino. Os traigo los dones de Ceres para que, esparcidos en los anchos campos, os proporcionen mieses cargadas de grano y alimentos bienhechores». El bárbaro siente envidia, y, con el propósito de ser él mismo quien proporcione tan extraordinario don, lo recibe como huésped y cuando está cargado de sueño lo ataca con el hierro; pero cuando se disponía a atravesarle el pecho, Ceres lo convirtió en lince y ordenó al joven mopsopio que arrease a sus sagrados corceles. Había acabado su sabia canción la mayor de nosotras; por su parte las ninfas dijeron con voz unánime que habían vencido las diosas que habitan el Helicón. Las vencidas se pusieron a arrojar insultos, y entonces dije yo: «Puesto que para vosotras no es bastante haber merecido un escarmiento por vuestro desafío, sino que añadís a vuestra culpa las injurias, y nosotras no somos capaces de seguir soportándoos, pasaremos al castigo y obraremos conforme nos dicte nuestra cólera». Ovidio, Metamorfosis 5, Citado según la traducción castellana de Antonio Ruiz de Elvira, en: Ovidio, Metamorfosis, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1994, pp , versos (N. de la T.) Calmamasfuerte.indd 11 12/4/10 10:57:04 Pina presa del pánico El jadeo se acercaba más y más. Al principio no había prestado atención a aquel sonido pero ahora, alarmada, lanzaba una mirada por encima del hombro. Enseñando los dientes como una fiera, un perrazo blanco y marrón, puro músculo, se acercaba a ella y no tardaría en alcanzarla. No parecía precisamente cariñoso, con aquellos belfos contraídos bajo los que brillaban las encías rojas y una potente mandíbula blanca. Cien metros más y el animal saltaría a por ella. Presa del pánico, pedaleaba para ganar distancia, pero la carretera tenía muchas curvas y, donde no había más remedio que seguir la calzada y luchar para no caerse al arcén con la bicicleta, el animal la enfilaba directamente. Mucho más abajo, en el valle, atisbaba los rojos tejados de un pueblecito bajo el sol de diciembre, pero veía muy difícil llegar hasta allí. El perro la perseguía como a un conejo, como si alguien le hubiera dado orden de ir tras ella para hacerle caer al suelo y despedazarla sin compasión. Por fin divisó un prado con unas balas de heno que no le habrían cabido en el cobertizo al correspondiente campesino y así las almacenaba al aire libre bajo una gran sábana de plástico blanco. Pina se dirigió directamente hacia allí, saltó de la bicicleta e intentó trepar por el plástico escurridizo. Durante una fracción de segundo, el jadeo que la acosaba dejó de oírse, luego, de golpe, notó el pie izquierdo inmovilizado, un dolor punzante la hizo estremecer y un gran peso comenzó a tirar de ella hacia el suelo. 13 Calmamasfuerte.indd 13 12/4/10 10:57:04 Entre rabiosos gruñidos, el perro había hincado los dientes en su zapatilla y se había quedado colgando a un metro del suelo, arañando el plástico con las patas. Pina trataba de darle patadas con la pierna libre, pero en aquella postura no acertaba. Haciendo acopio de sus últimas fuerzas logró subir un poco más y agarrarse a una cuerda que sujetaba el plástico. De nuevo intentó, en vano, darle una patada al perro. Era una situación sin salida. De dónde habría salido aquel bicho, y cuánto aguantaría? De qué raza era? Pitbull, dogo argentino, mastín napolitano? Pina odiaba a los perros y siempre se había negado a aprender a diferenciarlos. Aquél seguía colgado de su pie, revolviéndose como un saco de rabos de lagartija, gruñía furioso y su mordida era peor que un cepo. Sus colmillos habían atravesado el cuero de la zapatilla de deporte, a Pina le ardía el talón de dolor. Si al menos pudiera quitarse la zapatilla y así librarse de aquella fiera que, obviamente, se volvía aún más salvaje al sentir la sangre que goteaba del cuero! No tenía elección, lo único que podía serle de alguna ayuda era gritar con todas sus fuerzas. Durante su formación había aprendido que, en situaciones de ese tipo, la voz era lo más efectivo, pero la sarta de improperios con la que se desgañitó no pareció impresionar demasiado a su cuadrúpedo enemigo. Ni en sueños hubiera imaginado hallarse alguna vez en una situación ante la cual ni sus múltiples conocimientos de los deportes de lucha más agresivos, ni su cuerpo musculado a golpe de gimnasio ni sus rapidísimos reflejos le servirían de nada. Chillaba como si la estuvieran matando con la esperanza de que pronto la oyese alguien. El perro no cedía ni un segundo. Por fin, Pina logró darse un fuerte impulso para girar y, con la espalda pegada a la bala de heno, ganar cierta libertad de movimientos y flexionar la pierna. Y al fin logró también dar una espléndida patada con el pie derecho, cuya enorme fuerza impactó de pleno en el hocico del animal, haciendo crujir su mandíbula superior. Cayó sobre la hierba sin emitir el más mínimo sonido, se tambaleó un instante sobre su propio eje y, acto seguido, se dispuso a 14 Calmamasfuerte.indd 14 12/4/10 10:57:04 saltar de nuevo como si no sintiera dolor alguno. Pero, por el momento, Pina estaba a salvo. Con el corazón desbocado, miró al perro, el cual parecía no tener más objetivo que esperar a que ella bajase. Desde el pueblo del valle se escuchó el tañido de las campanas de la iglesia, la llamada a la misa de nueve de cada domingo. Pina abrió su riñonera y comenzó a hurgar en busca del móvil. Un silbido en la lejanía la distrajo un instante. Y cuando se dispuso a mirar de nuevo a los ojos de su acosador, el perro no estaba. Se lo había tragado la tierra. Como cada domingo por la mañana, si no llovía y no estaba de servicio, Giuseppina Cardareto había salido de excursión con su bicicleta. Y como cada domingo, se había levantado antes que entre semana, cuando apenas despuntaba el amanecer. Si estaba sobre el sillín a las siete de la mañana, para el mediodía habría logrado recorrer unos ciento cincuenta kilómetros, cien mil veces la medida de su cuerpo. Desde su piso en el centro de Trieste, es decir desde el nivel del mar hasta la altura del Carso, subía cada vez por una ruta distinta. Según se encontrase en mejor o peor forma, escogía una subida más o menos agotadora. La carretera de la costa, a lo largo de los abruptos acantilados, no era reto suficiente para ella. Aquella mañana de diciembre, Pina se sentía más fuerte que Popeye. En la cuesta de la Via Commerciale casi ningún rival estaba a su altura; el verdadero tormento no comenzaba hasta más arriba, al llegar a Conconello, pasando junto a los mástiles de las antenas de telefonía móvil pintadas de blanco y rojo. Sin apearse de la bicicleta, resollando y bañada en sudor, avanzaba metro tras metro. A menudo se debatía en su interior, tentada de abandonar, pero su voluntad de hierro se imponía sobre cualquier flaqueza y, si conseguía subir hasta los cuatrocientos cincuenta metros de altitud, al descender hacia Banne y luego en dirección a Bassovizza el viento que le daba en la cara le resultaba muy agradable. Cruzó el puesto de frontera de Lipizza sin 15 Calmamasfuerte.indd 15 12/4/10 10:57:04 detenerse. A los guardas de ambos lados los deportistas les inspiraban respeto... o compasión. Tres años llevaba entretanto la mini-inspectora calabresa en Trieste, y ya le resultaba difícil encontrar algún lugar de excursión por donde no hubiera pasado ya, por lo general con el coche patrulla y acompañada de los aullidos de la sirena. Y eso a pesar de que la ciudad no solía ofrecer demasiado trabajo a los criminalistas ambiciosos y ávidos de hacer carrera. Cierto es que una serie de robos fríamente escenificados en las villas de la clase alta dominaba los titulares de los diarios desde hacía bastante tiempo, y que un nuevo y preocupante incremento de la inmigración ilegal procuraba sus quebraderos de cabeza a la policía; sin embargo, para el gusto de Pina, las investigaciones en los casos de asesinato dejaban mucho que desear. Allí los grandes asuntos sucedían detrás de unos bastidores que apenas nadie lograba penetrar: los caudales financieros que fluían por Trieste mantenían en vilo a la Guardia di Finanza, que también se ocupaba de las importaciones ilegales por el puerto o por los diversos pasos a lo largo de la frontera. Si había que enviar a alguien al otro barrio, quienes manejaban los hilos evitaban que se hiciera en la ciudad. De esta forma, el muerto les caía a los compañeros de otras localidades. Pina sólo había podido llevar por cuenta propia un caso de asesinato que el comisario había dejado en sus manos sin pensárselo dos veces y que, en su opinión, era muy representativo de cómo era aquella zona. Un hombre de ochenta y cuatro años había apuñalado a su vecina, de noventa y uno, y después había notificado el crimen a la policía él mismo. Poco, por no decir nada, había tenido que investigar Pina, puro papeleo: pasar al ordenador el informe del interrogatorio del sospechoso confeso, así como las declaraciones de los testigos, y enviarle la documentación al fiscal. Eso había sido todo. El aguerrido anciano ni siquiera ingresó en la cárcel, sino que fue puesto bajo arresto domiciliario y supervisión psiquiátrica, pues parecía poco probable que se convirtiera en asesino en serie. Él incluso se había reído de la condena, ya que ahora al fin 16 Calmamasfuerte.indd 16 12/4/10 10:57:04 reinaba en la casa vecina lo que tanto echaba en falta... hasta el punto de agarrar el cuchillo: silencio. Así daba gusto quedarse entre sus cuatro paredes. Durante el último caso realmente espectacular en el que había trabajado, Pina se había librado de un proceso disciplinario por muy poco, sólo la salvó el haber actuado por previo acuerdo con su superior, el comisario. Al final, todo había quedado en una amonestación que no figuraba en su expediente. Pero, aunque por fin resolvieron y cerraron el caso que ocupara a las fuerzas del orden de Trieste durante años, a Pina no le valió ningún punto para acelerar su carrera. En cualquier caso, su febril ambición se había aplacado con aquel jarro de agua fría y ahora guardaba para sí la intención de conseguir el traslado de regreso al sur lo antes posible. Era más que conveniente mostrar sumisión durante un tiempo. Ahora incluso sus negros cabellos habían pasado del peinado al estilo erizo insurrecto a un largo que, cuando menos, confería a su aspecto un ligero atisbo de feminidad. Y lo más curioso de todo es que había desarrollado un grado de amabilidad sobre todo hacia las compañeras del que nadie la hubiera creído capaz. Cumplía con su trabajo a la perfección y, en su tiempo libre, tres veces por semana perfeccionaba su técnica de kickboxing en el club deportivo de la policía y otros dos días se entrenaba con el profesor particular Wing Tsun Kung-Fu. Siempre que los criminales no le trastocasen el horario. La inspectora Giuseppina Cardaretto perseguía aunar su inteligencia con una técnica de combate excelente, pues así sería invencible incluso en el caso de que alguna vez y por algún motivo aunque, desde luego, no era su deseo tuviera que abandonar el cuerpo de policía. Sin embargo, eso podía pasar casi sin comerlo ni beberlo, pues en una hastiada sociedad de masas los medios de comunicación, siempre sedientos de noticias escandalosas, no conocían el perdón ante cualquier infracción que las fuerzas de seguridad pudieran cometer contra las leyes y preceptos. Lo mismo sucedía con los criminales y sus abogados. Todos ellos esperaban ansiosos cualquier ocasión de endosarle a un 17 Calmamasfuerte.indd 17 12/4/10 10:57:04 agente del orden público las más terribles barbaridades, de acusarle de brutal desacato e inventar abusos de autoridad que a éste no se le habrían pasado por la cabeza ni en las situaciones más hostiles. Y qué pronto podía ser también que, tirando de un hilo, uno se topase con enredos cuyo descubrimiento no interesaba ni lo más mínimo a ciertas instancias influyentes. La vida era como un arriesgado juego de azar. La inspectora Pina Cardaretto se obligaba a mantener la calma incluso cuando su entorno era como un polvorín a punto de estallar. Tenía que seguir siendo la más fuerte. Un amable sol calentaba aquella mañana de invierno en que Pina bajaba en su bicicleta desde el pie del monte Nano hacia el valle del Vipava. Llevaba dos horas pedaleando como una loca, ya llevaba setenta kilómetros a sus espaldas, había superado barrancos, cuestas y curvas y se sentía plenamente en su elemento. No obstante, aquella carretera se encontraba en un estado lamentable y no era santo de la devoción de ningún ciclista. Cada bache se transmitía al manillar, y a Pina le costaba un gran esfuerzo mantener la velocidad media deseada sin perder el equilibrio. El tráfico de vehículos pesados que recorría aquel tramo durante la semana había dejado profundos surcos, el asfalto parecía una alfombra vieja llena de parches y remiendos, y los domingos no paraban de circular los turismos de domingueros. Una y otra vez, coches con matrícula de Ljubljana o de Italia pitaban a Pina para que se hiciese a un lado. Decidió cambiar de ruta en cuanto tuviera la oportunidad, y al fin, cerca de Hrašče, llegó a un cruce donde un cartel señalaba la «Vinska Cesta», la carretera apenas transitada entre los viñedos del Carso esloveno, al pie del calvo monte Nano, que se alzaba muy por encima de toda la región y formaba la línea divisoria natural de las aguas del Adriático y el Danubio. Desde hacía semanas, su cima estaba coronada de nieve, mientras que la temperatura del valle se mantenía agradable. Pina no llevaba consigo ningún mapa de carreteras, aunque era la 18 Calmamasfuerte.indd 18 12/4/10 10:57:04 primera vez que tomaba aquel camino. En algún momento desembocaría en la pequeña localidad de Vipava, en cuyo cementerio quería ver dos sarcófagos de cuatro mil quinientos años de antigüedad, procedentes del antiguo Egipto, para después volver pedaleando a Italia por Nova Gorica. En lugar de eso, ahora se encontraba con el talón chorreando sangre en medio de un prado asolado por el invierno, sobre una bala de heno de cuatro metros de alto, muerta de miedo ante un perro de pelea que, de pronto, se había esfumado sin dejar rastro. Consternada, miraba la pantalla gris de su teléfono móvil y repasaba la agenda. A quién podía llamar? Al otro lado de la frontera habría notificado lo ocurrido a sus compañeros, pero allí ni siquiera sabía el número de emergencias de la policía eslovena. La zapatilla de deporte que el dueño de la tienda había tenido que encargarle a propósito porque su almacén no solía trabajar la talla 35 y que tan cara le había costado estaba echada a perder sin remedio. El mordisco del perro había dejado profundas cicatrices en el cuero, si bien el refuerzo del talón al menos había impedido lo peor. Únicamente los colmillos habían atravesado el cuero como mantequilla para clavársele en el pie, y todo apuntaba a que incluso habían penetrado hasta el hueso. El dolor la sacudía con cada latido y seguro que tendría que someterse a tratamiento en prevención de la rabia. Pina se hizo un vendaje provisional con un pañuelo e intentó ponerse de pie. Una vez más recorrió toda la zona con los ojos entornados y, finalmente, se armó de valor para deslizarse hasta la hierba. Al notar el suelo bajo sus pies emitió un silbido entre los dientes. Si pisaba de puntillas le dolía menos. Fue cojeando hasta la bicicleta y la levantó del suelo pero, en contra de sus esperanzas, le resultó del todo imposible pedalear. Caminando como buenamente podía junto a su montura de metal, apoyada en el manillar, percibió rítmicos resoplidos y el sonido de los cascos de un animal a su espal- 19 Calmamasfuerte.indd 19 12/4/10 10:57:04 da. De nuevo le invadió el pánico, los jinetes solían ir acompañados de perros. Soltó la bicicleta e intentó adoptar una postura defensiva a pesar del dolor. Como aquel chucho del demonio se atreviera a atacarla otra vez, sería lo último que hiciera en su perra vida, pues esta vez era ella quien partía de una posición ventajosa. El golpe le alcanzaría aún en el aire, como tantas veces había practicado en sus entrenamientos. Sería lo bastante rápida... y el dolor en el pie después del golpe, insoportable. Entonces vio al jinete que venía hacia ella sobre una yegua lipizzana a galope moderado y en una silla de montar de señora. Dobro jutro! con un suave tirón de las riendas, la yegua se paró a cinco metros de ella, y Pina se extrañó al oír una voz masculina que no esperaba de una persona que montaba en silla de señora. Las siguientes palabras, en esloveno, no las entendió. Contaba con que, si seguía en Trieste, terminaría aprendiendo aquel idioma, a diferencia de la mayoría de triestinos de habla italiana, pero aún no había perdido la esperanza de que la trasladasen de vuelta al sur. Se encogió de hombros con gesto impotente y, por fin, relajó sus puños y dejó caer los brazos. El jinete sonrió compasivo. Va todo bien? preguntó entonces en italiano. Pina se preguntó por qué sonreiría. Porque la veía ridícula, allí, en medio del campo, en posición de defensa? Por el vendaje chapucero que se había hecho con el pañuelo, completamente ensangrentado? O tal vez sólo porque ella no sabía el idioma del otro lado de la frontera mientras que él dominaba el de sus vecinos y se hallaba así en situación de superioridad? La he visto de lejos, en lo alto de la bala de heno. Chillaba como si la estuvieran matando. Así que pensé: voy a ver qué sucede. Y el perro? preguntó Pina. No será suyo? No he visto ningún perro. Está herida? Necesita ayuda? el hombre era algo más joven que ella, la palidez de su rostro llamaba la atención y llevaba el cabello rubio como si ambos 20 Calmamasfuerte.indd 20 12/4/10 10:57:04 compartieran peluquero. Para peinarlo en dos pasadas con las manos y listo. Hablaba italiano
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