El Narcisismo De Las Pequeñas Diferencias Y De Las Grandes Indiferencias

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  El Narcisismo De Las Pequeñas Diferencias Y De Las Grandes Indiferencias (*) Este Texto Retoma Gran Parte Del Trabajo Presentado En La Reunión Lacanoamericana De Psicoanálisis De Bahía Blanca 2010, Cuyo
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El Narcisismo De Las Pequeñas Diferencias Y De Las Grandes Indiferencias (*) Este Texto Retoma Gran Parte Del Trabajo Presentado En La Reunión Lacanoamericana De Psicoanálisis De Bahía Blanca 2010, Cuyo Título Era the American Way. Presentado En El Coloquio: Lacan Y La PolÍtica. Escuela Freudiana De Buenos Aires, 20 De Octubre Haydée Heinrich Hace unos años, la finalización del análisis supuestamente exitoso de una paciente me produjo cierta inquietud. Había logrado un importante desarrollo profesional, formar una familia y controlar la angustia; nada de ello le impedía ser absolutamente insensible al padecimiento físico o psíquico de cualquiera que no fuera su hijo, seguir hablando de negros, judíos y bolitas sin el menor tapujo, expresar airados comentarios a favor del orden y la rectitud que garantizaban los militares a diferencia de estos peronistas que subsidian a los negros villeros que no trabajan porque no quieren Yo escuchaba estos comentarios con abstinencia variable y cuando decide dejar de venir por sentirse suficientemente bien, decido no detenerla. Después de casi 10 años de análisis, esta posición, lejos de atenuarse, se había consolidado, y me preguntaba si era posible - o aun aconsejable seguir intentando conmoverla. Claramente no habíamos conseguido aplacar el odio derivado de la especularidad narcisista y xenófoba, y ella necesitaba mantener a distancia todo lo que pudiera horadar su trabajosamente lograda perfección. Me ha consolado encontrar que Lacan diga que hay pacientes a los que hay que dejarles una dosis de canallada como para que se las arreglen convenientemente en la vida. (1) La pregunta que me suscitó esta paciente y quisiera compartir con ustedes es la siguiente: qué sucedería si ella fuera analista? De qué manera incidiría esta posición en nuestra consideración acerca de su fin de análisis, por ejemplo? Habría algún motivo para pensar que la posición política, ideológica del analista, influiría en su manera de conducir una cura? Obviamente, no estoy hablando de políticas partidarias, sino de ética, de toma de posición en relación a los derechos humanos, a lo indeclinable del rol del estado en la protección del - Página 1 de 5 - interés común, al escándalo de la desnutrición infantil, a la desigualdad, la discriminación, la explotación, la injusticia, la corrupción, la impunidad. A la posibilidad de interrogar lo que se ha dado en llamar pensamiento único y que ha decretado el fin de la historia, de las ideologías, de la izquierda y de la derecha. (2) La pregunta que les propongo es si, en tanto analistas, estas cuestiones nos conciernen en la medida en que afectan la subjetividad, o bien, si es indistinto lo que un analista piense, lea, opine, respecto de ellas. En los últimos tiempos, son varios los filósofos y psicoanalistas, locales y extranjeros, los que han procurado leer diversos aspectos de lo político y de la realidad nacional e internacional, con los recursos que brinda la lógica aportada por J. Lacan: A. Badiou, S. Zizek, E. Gruner, J. Alemán, N. Ferreyra, por sólo nombrar algunos. Mi pregunta no es ésa, aunque tampoco es sin ella; mi mirada está puesta en el análisis en intensión. Me pregunto si en el marco de la enseñanza de Lacan, habría al respecto algo teorizable, esperable, de un analizante que ha devenido analista. Es decir: cuáles serían los alcances de la ética del analista? Por lo pronto, en términos generales, creo que no nos costará coincidir en que el fin del análisis debería encontrar al analizante que deviene analista advertido de la especularidad narcisista, de la rivalidad por la pequeña diferencia, del tú o yo, que por estructural y estructurante no termina de sortear el riesgo de desembocar en un egoísmo xenófobo. Más allá también de la infatuación yoica, de creerse saber cuál es el bien de su paciente. Coincidiremos asimismo en que estará advertido de abstenerse del goce que su analizante le propone y de privarse de conducir la cura hacia la identificación con el analista en el lugar del Ideal. Ahora bien, en las últimas jornadas de la EFBA tuve ocasión de escuchar en continuidad los trabajos de dos colegas, en el primero, Mónica Morales hablaba del odio inherente al discurso capitalista, y en el segundo, Alejandra Rodrigo reflexionaba acerca del nuevo amor que surge en el fin del análisis. Se me juntaron los dos temas actualizando la pregunta acerca de si son compatibles la posición alcanzada en el fin de análisis y la ideología neoliberal, con todo lo que ésta implica. A la hora de intentar teorizar esta cuestión, no es tan sencillo elegir los términos adecuados: el psicoanálisis no es una Weltanschauung (cosmovisión), la ilusión no tiene porvenir, las buenas intenciones tapizan el camino al infierno y la esperanza conduce a lo peor. La generosidad es oblatividad, el sufrimiento humano es goce. No se puede amar al prójimo al menos como a sí mismo. Los ideales son totalizantes. Qué nos queda entonces? Con más razón, es conveniente recordar que en el Acta de Fundación de Convergencia-Movimiento lacaniano por el psicoanálisis freudiano (en su punto e) se condena expresamente la ideología neoliberal en tanto amenaza la subjetivación y la posibilidad de - Página 2 de 5 - metaforizar. Entiendo que la inclusión de este párrafo por parte de los representantes de las instituciones fundadoras ha sido un acto, acto que se corresponde con la ética del psicoanálisis como declaración de principios en la extensión, pero también como posición desde la cual se supone dirigir la cura en la intensión. Lacan cuestionó los ideales morales enarbolados por el posfreudismo para el fin de análisis. Eso no significa, que no haya un horizonte, un supuesto, una expectativa, una definición de lo que se espera de un análisis lacaniano. Las coordenadas que delinea Lacan para lo que entendemos por fin de análisis, es decir, destitución subjetiva para el analizante y el desser para el analista, que es un modo de nombrar también el atravesamiento del fantasma, marcará la posición desde donde el analizante devenido analista dirigirá la cura y se reflejará también en el lazo social. Si el sujeto abandona su identificación al objeto del fantasma -con la que garantizaba la existencia y el goce del Otro-, ya no habrá un Otro supuesto gozar para quien hacerse objeto a ser gozado (3): en su lugar advendrá un sujeto advertido, puesto en causa en relación a su deseo. Esto permitirá al sujeto cuestionar las figuras que pueda adoptar el Otro gozador, se trate del padre, del jefe, del maestro, pero también las más variadas instancias de poder que lo condenan a un destino inmutable de sometimiento. El miedo, la desolación, la mortificación del sujeto es extrema cuando no hay esperanza de que su situación pueda cambiar, cuando su porvenir no tiene ilusión. La traducción inmediata del sufrimiento del sujeto en términos de goce neurótico, la lectura de los abusos de poder como goce fantasmático en relación a un Otro que no existe, nos coloca ante el peligro de no tomar por válido el testimonio de los excesos a que nuestros pacientes se ven confrontados en lo real. Así, la pregunta qué tienes tu que ver con esto de lo que te quejas?, absolutamente pertinente cuando oportuna, puede duplicar el abuso si sirve para desconocer que lo Real también existe y para renegar de que en el mundo también reina un desorden con el que el sujeto no tiene nada que ver pero cuyas consecuencias padece. Me ha llamado la atención el dolor con que algunos jóvenes analistas relatan en supervisión situaciones de abuso de las que son confidentes, sintiéndose obligados en nombre del psicoanálisis a lo que se denomina implicar al sujeto, versión cercana al tristemente célebre algo habrá hecho. Creo que no se trata de eso sino de albergar en transferencia lo verdadero de esos testimonios. Cuando este asentimiento se produce (4), su efecto es el levantamiento de la mortificación tanto la del paciente como la del analista- surgiendo la posibilidad de decir NO a la resignación y a la naturalización del padecimiento. (5) Para someterse al amo, hacer una lectura conformista, tener miedo y decir que nada es posible, nuestros pacientes no nos necesitan, les alcanza con el superyó. Qué nos liga a aquél que se embarca con nosotros en la posición llamada del paciente?, se pregunta Lacan. si ponemos en ese lugar el término hermano , que está en todos los frontispicios - Libertad, Igualdad, Fraternidad -, les pregunto, en el punto de la cultura en que - Página 3 de 5 - estamos de quién somos hermanos? De quién somos hermanos en cualquier otro discurso que no sea el analítico? El patrón es hermano del proletario? No les parece que el término hermano es justamente aquél al cual el discurso analítico da su presencia, aunque más no sea por comportar todo el rollo familiar? ( ) Somos hermanos de nuestro paciente en la medida en que, como él, somos hijos del discurso. (6) Por su parte, Isidoro Vegh, yendo más allá de los reparos que genera la máxima del amor al prójimo, plantea que un análisis consiste en el pasaje que va de un Otro al otro, pero que ese otro no se reduce a la dimensión del objeto a, ya que aprehender su eficacia supone descubrir la inexistencia del Otro y la necesaria invocación del otro Es por su invocación que el otro adviene a la condición de prójimo.(7) En este sentido, no creo que se pueda hablar de fin de análisis si se es incapaz de una mirada solidaria hacia el prójimo y su sufrimiento, si la ternura no ha ganado terreno sobre la crueldad; si se confunde la abstinencia con la indiferencia; si no se valora la dignidad del sujeto en su representación por el significante, donde la palabra, la transmisión y la memoria tienen un valor inalienable. La ética del deseo se enraiza en la tolerancia de la falta, propia y ajena, que en realidad es una sola. Es acaso sostenible reducir el éxito del análisis a una posición de confort individual, vinculada al servicio de los bienes? se pregunta Lacan. (8) ( ) No hay ninguna razón para que nos hagamos garantes del ensueño burgués, nos dice. Un poco más de rigor y de firmeza es exigible en nuestro enfrentamiento con la condición humana. (9) El analizante que deviene analista, de acuerdo a la lógica lacaniana, es ése que en la terminación del análisis, la verdadera, -dice Lacan- la que prepara para devenir analista, debe enfrentarse con la realidad de la condición humana, ( ) a saber la Hilflosigkeit, el desamparo, en el que el hombre, en esa relación consigo mismo que es su propia muerte, no puede esperar ayuda de nadie. (10) Es a partir de la propia experiencia con el desamparo que el analista tendrá la chance de escuchar el desamparo del otro, tanto en lo que hace al desamparo radical, como al singular -más o menos trágico- de cada quien. La ética del psicoanálisis implica la experiencia trágica de la vida. Allí, dice Lacan -se inscriben las acciones y se requiere que nos ubiquemos en lo tocante a los valores. (11) La ideología que pregona el fin de la historia es la misma que anuncia la muerte del psicoanálisis. La subjetivación afín al psicoanálisis y que a veces se llama indignación- es una piedra en el camino para las tendencias neoliberales que requieren de la desubjetivación y de la intimidación para imponerse. Para terminar, diría que la ideología del servicio de los bienes y del ensueño burgués nos habita a todos, como también lo hacen el narcisismo, la debilidad mental, los miedos, los prejuicios y los desfallecimientos. Tal vez, estando advertidos, podamos no dejarnos ganar por ellos, y así apostar a que el psicoanálisis siga siendo una peste. - Página 4 de 5 - NOTAS: (1) J. Lacan El saber del Analista clase 7. (2) Reconozco que es difícil introducirse en estas categorías, sin embargo, me alienta un mail que ha hecho circular Norberto Ferreyra en relación al conflicto con el campo: Según él, la derecha en todo el mundo siempre propuso políticas cuyo resultado final era y es que hubiera o haya más muertos antes de tiempo. Del tiempo que cada persona tiene, por derecho, a vivir hasta que su vida se acabe y no que se la acaben antes de tiempo: por pobreza e indigencia, y entonces, por hambre, por salud, por guerras injustificables, etc., etc., etc. ( ) En nuestro país continúa diciendo- basta sumar de que lado está la mayor cantidad de muertos, y no me refiero sólo a las personas asesinadas, muertas, durante la última dictadura, sino a toda la historia argentina para saber donde ubicar a esta derecha que defino del modo en que lo dije: aquellos que para hacer una (su) política necesitan lógicamente que haya siempre más muertos antes de tiempo. La diferencia entre ese menos y ese más no es sólo de cantidad, es de cualidad, es ética. (3) Rolando Karothy en las charlas introductorias al coloquio citaba a La Boétie: Un Rey es un rey pq sus súbditos lo tratan como rey. ( ) Nada es más fácil que liberarse del Amo, basta con no tratarlo como tal, dejar de sostenerlo. (4) Véase el trabajo presentado por Norberto Ferreyra en la Reunion Lacanoamericana de Bahia Blanca (5) Según palabras de F. Ulloa. (6) J. Lacan seminario Ou Pire No desconocemos que no es sencilla la noción de hermano, Lacan termina esa clase diciendo: Puesto que no es cuestión de pintarles un porvenir color de rosa, sepan que lo que trepa, lo que no hemos visto hasta sus últimas consecuencias y que se enraiza en el cuerpo, en la fraternidad del cuerpo, es el racismo, del cual ni siquiera han terminado de oír hablar. (7) Isidoro Vegh El Prójimo ed. Paidós (8) J.Lacan - Sem VII p. 361 (9) Idem p.362 (10) idem (11) Idem pag Página 5 de 5 -
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