c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o

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  c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o La Pascua de Jesús en nuestra historia viene como un chorro de agua limpia y un baño de luz en medio de caminos,
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c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o La Pascua de Jesús en nuestra historia viene como un chorro de agua limpia y un baño de luz en medio de caminos, tantas veces tejidos de dolores y desesperanzas. Este tiempo litúrgico nos lanza a un permanente camino de búsqueda de los pasos de Jesús en nuestra vida o, mejor dicho, de dejarnos encontrar por el consuelo de esa Voz, de esa Palabra Viva que nos invita a ser generadores de Comunión. A lo largo de este segundo trimestre y, por tanto, dentro de un marcado contexto pascual, se están celebrando los diferentes Capítulos Provinciales de nuestra Familia de la Consolación. Estamos invitados con los de Emaús a reconocer a Jesús que nos habla por el camino, a tener la audacia de arriesgar nuestros panes y peces, a quitar la piedra de delante del sepulcro y a caminar con la seguridad en la Promesa de Dios que derrama su Espíritu en nosotros, a andar con la esperanza del que levanta los ojos e intuye la belleza de ese sueño de Dios sobre la Familia de la Consolación. La Celebración de la vida de Santa María Rosa Molas verá la Clausura del último Capítulo, el de la Vice Provincia de África, el primero que allí celebran nuestras hermanas, en ese querido continente tan golpeado por violencias e injusticias y que, al mismo tiempo, ve nacer tantos signos de esperanza y alegría. En este contexto, y en el centro de estas Celebraciones, la Campaña de Misiones Consolación se vuelve a dar la mano con el esfuerzo de Delwende y así, nos sigue empujando a la solidaridad. Una vez más, es Mozambique y, en concreto, Inhambane, el rincón de nuestro mundo que se ha visto golpeado por una catástrofe natural que ha dejado a la intemperie familias e instituciones sanitarias y educativas. Y como una llamada de futuro, el Papa Francisco dirige una vez más nuestra mirada a los jóvenes. La Celebración de la próxima XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, prevista para Octubre de 2018, tiene como tema Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Vosotros jóvenes, tenéis, una vez más, una parte importante en la Revista Consolación, como colaboradores muy significativos, porque compartís experiencias y reflexiones, porque os hacéis cargo de ciertas secciones, y porque muchos transmitís la fe y vuestra sabiduría de la vida desde una experiencia más larga y madura. Guiños todos que van tejiendo la Revista Consolación que hoy te llega, seas miembro de la Familia Consolación, simpatizante, o simplemente porque te encontraste por casualidad con estas páginas de vida, la vida y el Carisma de una gran mujer, María Rosa Molas. Ella nos lanza hoy un reto importante, como el que le lanzó siendo niña a su amiga de infancia: Vamos, Dolorcitas, voy de prisa A dónde nos invita a salir hoy esta provocación que la Madre nos sigue lanzando a ti y a mí para dar a conocer el Consuelo de Dios?... Venga, Vamos. 3 Consolación r e V i s T a n º Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz! ( Is 52,7 ) 4 En su reciente viaje a Egipto hemos visto al Papa Francisco como el mensajero que anuncia la paz. El mundo ha podido contemplar la hermosura de este anuncio. El Papa, ha intercambiado desde la valoración de la riqueza cultural del país, y nos invita a salir al encuentro de los deseos de PAZ. Sólo la paz es santa y ninguna violencia puede ser perpetrada en nombre de Dios porque profanaría su nombre. Juntos, desde esta tierra de encuentro entre el cielo y la tierra, de alianzas entre los pueblos y entre los creyentes, repetimos un no alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio, cometidos en nombre de la religión o en nombre de Dios. Juntos airmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica. La fe que no nace de un corazón sincero y de un amor auténtico a Dios misericordioso es una forma de pertenencia convencional o social que no libera al hombre, sino que lo aplasta. Digamos juntos: Cuanto más se crece en la fe en Dios, más se crece en el amor al prójimo. Para construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación. Nos preguntamos qué podemos hacer desde nuestra familia marcada con la misericordia y la consolación para que, de verdad, en nuestro entorno no se den casos de injusticia, de violencia, de conlictos? Cómo ser testigos del amor ininito de Nuestro Padre para que el mundo dé un giro claro y fuerte hacia la bondad y la misericordia? Es nuestra tarea irme y fundamental, nuestra misión que nos impulsa para que en el día a día nuestro prójimo sienta en su ser el DON de la FRATERNIDAD, vivido desde el compartir y el encuentro. c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o los ecos del día de Pascua se prolongan litúrgicamente durante varias semanas. me pongo a escribir cuando este tiempo especial llega a su in. no obstante, como el misterio de la Pascua del señor ilumina y carga de sentido toda nuestra existencia y, además, con la presión que ejerce sobre mí la primavera, bendita primavera, que en esta latitud estalla por doquier en lores, olores y mucha luz, no me resisto a guardar silencio ante lo que fundamenta nuestra vida cristiana. Por eso, deseo compartir, aunque no sea un artículo al uso de la revista consolación, mi relexión pascual. También me empuja a ello un reto de superación personal No sé si os pasa como a mí: Poco a poco, sin apenas darme cuenta, caigo en la mera sucesión de los días, en el aburrido transcurrir de las situaciones y de las relaciones personales Voy a poco gas, sin entusiasmo Los días y las horas transcurren sin pena ni gloria. Y no, esto no es, aunque normal y humano, muy cristiano. Y el deterioro, si no se para, aumenta. La espiritualidad clásica pone el nombre de tibieza a esta realidad que confieso. No está de moda hablar hoy de ella, lo que no significa que no padezcamos sus efectos. La vida pierde sabor acedia se llama-, la rutina todo lo invade comenzamos el lunes esperando que llegue pronto el viernes, interrumpimos la oración con el washapp y los correos, nos distraemos constantemente en noticias y también en cotilleos.la temperatura espiritual se enfría y dejamos de hacer con amor las cosas de cada día, sin garra, sin compromiso Esta especie de escepticismo nos sobreviene porque nuestra fe no está del todo purificada y la confianza en Dios bastante mermada, de modo que vivimos distanciados de la fe que profesamos. Y además de la tibieza, tantas y tantas otras zonas oscuras que nos cubren de sombras a todos los que pisamos esta tierra. Y si sólo fueran zonas oscuras Cuánto pecado, cuánta injusticia, cuánto odio! José Antonio Pagola, al respecto, afirma: No es difícil constatar cómo, por diversos factores y circunstancias, el pecado va matando en nosotros la fe en el valor mismo de la vida, la confianza en las personas, la capacidad para todo aquello que exija esfuerzo generoso o valor para correr riesgos ( ) Tal vez sabemos, aunque no lo queramos confesar abiertamente, que nuestra fe es convencional y vacía, costumbre religiosa sin vida, inercia tradicional, formalismo externo, letra muerta. Muy fuerte, no?... Menos mal que el Señor conoce nuestra debilidad y, constantemente, nos alienta a recapitular y volver a retomar la esencia de su misterio de amor. Una y otra vez regresamos a él porque su misericordia nos conduce y porque pone gotas frescas de fe en nuestros ojos y en nuestros corazones para seguir adelante, para continuar alegres el camino emprendido. Hay que salir del túnel y abrirse a la novedad diaria del Dios que plenifica y salva, que nos rescata de nuestra debilidad y, como dice el profeta Habacuc, nos da piernas de gacela para caminar por las alturas. Por eso conviene volver a lo que realmente importa, a lo que alimenta nuestra estructura de creyentes: Dios, en Jesús de Nazaret, nos asegura 5 Consolación r e V i s T a n º que la miseria, la debilidad, el pecado y la muerte no tienen la última palabra la vida de Jesús, en sus gestos y palabras, es una puerta abierta a la misericordia, al perdón y a la humildad. Con él es posible la fuerza del amor como principio transformador de cada uno de nosotros y de toda la humanidad. Solo esta fuerza remueve los cimientos de lo que somos y creemos, aportando una dimensión nueva, que, junto con las sombras de nuestras inconsistencias y pecados, que nadie nos quita, proyecta una luz nueva y distinta que nos alienta por dentro, proporciona alegría y nos empuja al servicio de los demás. debe ser lo tengo muy claro, pero cómo lo traduzco a mi vida cotidiana, a la vida de andar por casa, que es donde la verdad brilla? Hace dos veranos hice Ejercicios Espirituales en nuestra casa Madre de Tortosa, los dirigía la que fue mi madre maestra, María Teresa Rosillo, por más de 25 años directora de esta revista. Uno de los días, ya casi finalizando los Ejercicios, nos invitó a orar y reflexionar sobre ser misioneros de la resurrección del Señor, lo más excelente que podemos transmitir, el top de nuestra misión Nos daba Ejercicios a las hermanas, pero es totalmente traducible a la realidad de cada cristiano. El paso de la muerte a la vida de Jesús rezuma verdad y evidencia, sobrepasa los límites, las coordenadas conocidas de nuestra temporalidad: Jesús de Nazaret, que fue clavado y muerto en una cruz, es el resucitado. Y esto no pertenece al pasado Él VIVE HOY, hoy mismo y ahora mismo. Por la Resurrección de Jesús, Dios nos sale al encuentro con lo que ni siquiera podíamos llegar a soñar: el triunfo sobre la muerte y, con ello, de todo lo que la genera: el orgullo, el odio, la injusticia, el pecado Jesús, por su resurrección, aúna voluntades, concilia esfuerzos y da alas a los que de veras creemos en él... Jesús de Nazaret, que fue clavado y muerto en una cruz, es el resucitado. Y esto no pertenece al pasado Él VIVE HOY, hoy mismo y ahora mismo. Como creyentes, debemos hacer con Cristo nuestro propio paso de la muerte a la vida. No es imposible porque la iniciativa es de Dios, que impulsa nuestra respuesta. Y es que la resurrección es una gracia, un regalo que se nos da aquí y ahora. Aceptarlo supone la fe en la centralidad de este Misterio en nuestra vida concreta y animarnos a hacerlo carne en nosotros y en todas nuestras acciones. Es acoger el Espíritu de Jesús y, como él, ser hombres y mujeres resucitados, en lucha contra lo que mata o debilita, lo que paraliza. Resucitados en la dinámica de la generosidad, del amor, del servicio Como Jesús, siguiendo su vida y su mensaje, siendo gente de Evangelio, de Buena Noticia, dando y entregando vida en fidelidad creativa Porque Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte (1 Jn 3, 14). Y esto y más que podría decir, cómo y en qué se concreta? Porque constato en mí que las metas y lo que Y esto supone: Vivir con alegría Ser cristianos y no vivir con alegría es incompatible. Y esa alegría irradiarla entre los que nos rodean pues hemos encontrado el tesoro escondido, la perla preciosa La alegría que brota de dentro, de la seguridad en la promesa del Señor. Y tener y vivir actitudes resucitadas de forma habitual, expresadas en acciones y en gestos visibles y evaluables, como son: Facilitar la vida y el trabajo de los demás, cultivar el buen humor - Qué triste es un triste santo-, ese humor que nos ayuda a llevarlo todo a buena parte, incluso a reírnos de nosotros mismos; infundir esperanza en el medio en el que vivimos, posibilitar la vida de los otros, sin protestas y malas caras; ser artífices de paz, pacificadores - disculpar, dialogar, escuchar, empatizar con el otro -; desdramatizar la vida que bastantes dramas reales tiene -dejar de gruñir y de ser profetas de calamidades, sin acritud, sin juicios apresurados - Tal y como nos exhorta el Papa Francisco: Dejemos que esta experiencia, impresa en el Evangelio, se imprima también en nuestros corazones y se vea en nuestra vida ( ) ojalá seamos así luminosos. Pero esto no es un maquillaje! Viene desde dentro, de un corazón inmerso en la fuente de esta alegría. Y continúa tomemos buena nota- : Quien hace esta experiencia se convierte en testigo de la Resurrección, porque en cierto sentido ha resucitado él mismo, ha resucitado ella misma. Entonces es capaz de llevar un rayo de la luz del Resucitado en las diversas situaciones: en las felices, haciéndolas más bellas y preservándolas del egoísmo; y en las dolorosas, llevando serenidad y esperanza. 6 c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o LA TERNURA CONSOLADORA DE DIOS Cuentan que el padre de un niño de 8 años trabajaba fuera de la ciudad donde vivía y cuando salía de casa y cuando volvía el niño estaba dormido. Un día hablando con su hijo, buscando de qué manera compartir más con él, llegaron a un acuerdo: durante la semana todas las noches cuando el padre pasara por su camita a darle un beso también haría un nudo en la sábana, para que el niño al despertarse supiera que su padre había venido a verlo. Cada mañana el niño buscaba afanosamente aquel nudo y lo deshacía, se levantaba contento y feliz al constatar a través de aquel nudo la presencia amorosa de su padre. En su clase era el mejor y mantenía hermosas relaciones con sus compañeros. Sus maestros se admiraban de las grandes capacidades del niño era un niño feliz. y nos hacen descansar en la seguridad de un amor sin fronteras, sin límites de tiempo o de espacio. Llevamos dentro una sed de infinito que sólo la calma El Infinito. Muéstrame, Señor, tus caminos, instrúyeme en tus sendas. Guíame en tu verdad; instrúyeme, pues tú eres el Dios que me salva: en ti espero todo el día. Acuérdate, Señor, de que tu ternura y tu amor son eternos (S. 25, 4-6) Cuántos nudos va dejando el Señor en tu vida y en la mía, huellas de su presencia solícita y vigilante que no nos abandona nunca. Hace falta que busquemos esos nudos, los desatemos y reconozcamos su presencia, su compañía, su amor y su ternura: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles Él sabe de qué estamos hechos, se acuerda de que somos de barro (S.103) No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas; como a un hijo a quien su madre consuela, así os consolaré yo, dice el Señor (Cfr. Is 66,13) Y leemos en el libro de las Lamentaciones: Hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: el amor del Señor no se acaba, ni se agota su compasión, cada mañana se renueva: Señor qué grande es tu fidelidad! (Lm 3,21-23). Necesitamos Señor la certeza de tu amor y la suavidad de tu ternura: Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti (San Agustín). Sólo tu amor y tu ternura colman el vacío de nuestro corazón, sacian nuestra necesidad de verdad Volveos hacia mí de todo corazón... Sois elegidos de Dios... buscad mi rostro estos son los caminos para encontrarle: revestíos, pues de sentimientos de compasión, de bondad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia (Col. 3, 12). Así dice el Señor todopoderoso: juzgad con rectitud y justicia; practicad el amor y la misericordia unos con otros (Zac.7,9). El Señor es clemente y misericordioso, lento a la ira, rico en amor y siempre dispuesto a perdonar (Joel 2, 12-13) La manera más palpable de demostrarle nuestro amor al Señor es andar por sus caminos: El que dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso (1Jn. 4,20-21). 7 Consolación r e V i s T a n º Consolados para consolar! Es hermoso recordar, hacer memoria agradecida del DON recibido por nuestra Madre María Rosa Molas, para hacerlo vida a través del tiempo, de la historia, en cada rincón del mundo en el que la Familia Consolación está presente. Sí, Laicos y Hermanas unidos por la Palabra de un Dios que a través del Apóstol nos recuerda: Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda Consolación. Él nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que nosotros consolemos con el mismo Consuelo que recibimos de Dios (2 Co, 1,3.ss) 8 Qué cercano a nosotros experimentamos a Dios! En la medida que experimentemos esta cercanía misericordiosa y consoladora del Señor con nosotros, podremos nosotros transparentar, como nos recuerda San Pablo, a este Dios que nos mima, nos cuida, nos protege, sobre todo en los momentos de mayor dificultad El Dios de toda consolación nos habla de un Dios cercano, un Dios que nos ama, que se preocupa por nuestras tristezas, que nos quiere abrazar, sanar y levantar pero cómo vamos a conocer a este Dios si lo filtramos a través de creencias o prácticas muchas veces vacías del Amor que nos tiene? Es lo que una y otra vez reclaman al pueblo de Israel sus Profetas. Para Pablo, Dios no era una religión, era su Padre misericordioso que lo consolaba en todo momento. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación. Cuánto alivio y descanso encontramos en medio de nuestras tristezas en los hombros y brazos de aquellos que nos aman! Aunque un buen abrazo no siempre resuelve nuestros problemas, sí nos ayuda a levantar nuestro ánimo al sentir que alguien más está dispuesto a llevar nuestra carga y caminar a nuestro lado por esta situación de tristeza y dolor. Jesús vino para perdonarnos y no permitir que nos quedásemos al margen del AMOR, ni que dejásemos a otros hermanos al margen de este AMOR. Así es Dios! Así estamos llamados a ser la Familia Consolacionista! c o n s o l a c i ó n P a r a e l m u n d o Fue el amor de nuestro Padre de misericordia y consolación el que permitió que su Hijo tomara nuestro lugar para que una nueva puerta de esperanza se abriera en nuestra vida. Entrar en una relación personal con Dios es entrar en un ambiente de amor, perdón, consolación, esperanza es como si nos hubieran cambiado los lentes con los que veíamos la vida y de pronto empezáramos a disfrutar una vida nueva donde Él siempre estará a nuestro lado, caminando con nosotros y animando nuestra historia. Dios nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier situación de dolor... Aquellos que han sentido la consolación de su Padre han entendido que su plan al consolarnos es que nosotros vayamos a aliviar y sostener a aquellos que necesitan desesperadamente alguien que los ame y escuche. De eso se trata en la vida cristiana! Se trata en todo de amar como hemos sido amados, perdonar como Él nos perdonó y dar gratuitamente lo que por Gracia hemos recibido. cansado del camino; ese que fuimos nosotros en algún momento de nuestra vida y que hoy nos mueve desde dentro a contemplarlo en la realidad en la que nos encontramos, en las familias, en nuestras comunidades, en nuestros grupos. Es una llamada URGENTE a no quedarnos quietos y a permitir a Dios seguir siendo el Centro y la razón de nuestra vida y de nuestra misión. Que el espíritu nunca deje de iluminarnos y que nosotros nunca permitamos que se apague la llama del Amor del Señor en nuestra Familia, llamada a Consolar como Jesús lo haría hoy! No hay mejor lugar para bajar la guardia y rendir nuestras fuerzas y omnipotencias personales, que estando humildemente en la Presencia de Aquel que nos puede amar y consolar como nadie más puede hacerlo. Dios nos ama, Él es nuestro consuelo! Pablo mismo en medio de los peligros de muerte que enfrentaba, siendo un hombre de fe, aprendió a no confiar en sí mismo sino en su Señor, porque no hay mayor alivio y descanso que el del hijo que tiene la seguridad de que su Padre está con Él, se está encargando de todo y puede solucionar cualquier situación. Somos invitados una vez más, en este año de Gracia del Capítulo General, a seguir abriendo las puertas de nuestro corazón a Dios, a acercarnos confiados a Él, a poner nuestra mirada en Su Proyecto
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