Reflexiones Intrascendentes Sobre El Idealismo Moral en El Debate Sobre Drogas

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  Reflexiones Intrascendentes sobre el Idealismo Moral en el debate sobre Drogas Gran parte del debate en torno a las drogas está plagado de juicios morales. El mismo concepto de “moral” es cruzado por innumerables significaciones positivas o negativas. Acostumbrados a juzgar conductas, olvidamos cuestionar las relaciones sociales en las que estas se insertan. (por Gabriel Genri) “Moral” tiene su origen en el término latino “mores”, cuyo significado es “costumbre”. El término hace referencia a la
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  Reflexiones Intrascendentes sobre elIdealismo Moral en el debate sobre Drogas Gran parte del debate en torno a las drogas está plagado de juicios morales. El mismo concepto de “moral” es cruzado por innumerables significaciones positivas o negativas. Acostumbrados a juzgar conductas, olvidamoscuestionar las relaciones sociales en las que estas se insertan. (por Gabriel Genri) “Moral” tiene su srcen en el término latino “mores”, cuyosignificado es “costumbre”. El término hace referencia a las normas y valores deuna época.En el Siglo XIX, el máximo representante del idealismo alemán, Georg Hegel,postulaba que existía un espíritu humano universal que evolucionaba a lo largo deltiempo.Para Hegel, eran las ideas las que determinaban la práctica y su método dialéctico permitió comprender que “la moral” no era un constructo social inmutable.  Años después, el materialismo histórico de Karl Marx permitió comprender lasfuerzas que determinaban o propiciaban ese cambio, al insertar a los sujetos queconstruían esos significantes y significados morales en relaciones sociales  determinadas, que eran a su vez consecuencia de las fuerzas de producción enpugna en un momento histórico dado. Para algunos pensadores políticos, “moral” es equiparable a conservaduris mo, ladefensa de un orden dado para que nada cambie. Para otros, es la posibilidad delindividuo de cuestionar las costumbres sociales, identificarlas en él y propiciarcambios a las mismas.Ambas visiones, dan por sentada la existencia del cambio como condición naturalde las sociedades. Lo cual no implica un juicio de valor respecto a los beneficios operjuicios objetivos que pueden derivar de ese cambio, al impactar de maneradiferente en los múltiples grupos sociales que conforman esa sociedad.Consumir drogas refuerza la moral de nuestra época, en tanto la producción,distribución, comercialización y fomento del consumo de las mismas es parte delas costumbres arraigadas en nuestra sociedad, tras el surgimiento de unaindustria global que necesita de la permanente expansión de mercados.Por ejemplo, un niño de 13 años puede operar un gran cambio en su vida alcomenzar a consumir alcohol, tabaco o drogas ilegales.Y otro adolescente puede operar un gran cambio en su vida al solicitar no trabajaren negro, o al reclamar su derecho a la educación, a un baño digno o a unaheladera.A cualquiera de estos cambios, el sujeto puede percibirlos como positivos onegativos, y terceros observadores también pueden valorar esa conducta en términos de “bueno” o “malo” para el sujeto, para la sociedad o para sus propiosintereses individuales o de clase.Sin embargo, tras esta aparente regularidad del cambio, existe una diferenciasustancial entre ambos ejemplos. Y la misma generalmente escapa al pensadordesprevenido. Porque acostumbramos a juzgar conductas y no las relacionessociales en las que se insertan esas conductas.En el primer ejemplo, la conducta del niño refuerza la moral de nuestra época, entanto la producción, distribución, comercialización y fomento del consumo dedrogas es parte de las costumbres arraigadas en nuestra sociedad.Mientras que en el segundo caso, la conducta de este adolescente pasa acuestionar la moral imperante. En tanto la actual forma de producción, distribucióny comercialización de mercancías, fomenta relaciones laborales que vulneran losderechos de los trabajadores como una práctica arraigada, naturalizada, ennuestra sociedad.  En términos objetivos, las consecuencias de las decisiones de estos adolescentesy sus prácticas derivadas favorecerán o impedirán la consecución de los interesesde los respectivos colectivos sociales en los que están insertos.Desde esta postura, ya no importa tanto la práctica legal o ilegal de lascostumbres que se refuerzan o se pasan a cuestionar, en tanto esa definicióntambién es una construcción histórica.Más bien es una puesta en conciencia del Idealismo Moral vigente en el actualdebate de drogas en Argentina.El cual presenta las propuestas de reformas legales como consecuencia deldesarrollo natural de las ideas de un espíritu humano universal y ya no comoresultantes de un estadio del desarrollo de una industria de sustanciaspsicoactivas con alcance y poder global.Habría que preguntarse si las razones del debate del momento ¿son el resultadode las condiciones de sobreproducción de la industria de narcóticos y suconsecuente necesidad de expansión de mercados?.Y si las decisiones políticas en torno del mismo ¿Favorecen o no los intereses ynecesidades de la familia trabajadora de nuestro país?  A lo largo de nuestra historia, subirse “al tren del Progreso” siempre ha sido una mala apuesta para los sectores populares.
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