Oscar Godoy - Pueden Las Fuerzas Armadas Ser Garantes de La Democracia

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  ENSAYO ¿PUEDEN LAS FUERZAS ARMADAS SER GARANTES DE LA DEMOCRACIA?* Oscar Godoy Arcaya El autor sostiene que la crisis experimentada por el país en la década de los años 70 es la causa de que se les haya atribuido a las Fuerzas Armadas un rol de garantes del orden institucional incompatible con un sistema democrático. Asimismo, como parte de tal función, expone la naturaleza y dimensiones del aparato constitucional que les confiere a las Fuerzas Armadas participación en las instituciones y proc
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   Estudios Públicos, 61 (verano 1996). ENSAYO ¿PUEDEN LAS FUERZAS ARMADAS SER GARANTESDE LA DEMOCRACIA? * Oscar Godoy Arcaya El autor sostiene que la crisis experimentada por el país en la décadade los años 70 es la causa de que se les haya atribuido a las FuerzasArmadas un rol de garantes del orden institucional incompatible conun sistema democrático. Asimismo, como parte de tal función, expo-ne la naturaleza y dimensiones del aparato constitucional que lesconfiere a las Fuerzas Armadas participación en las instituciones yprocesos políticos del país.Junto con exponer la doctrina de los garantes en una democracia, serevisan los principales argumentos que se han dado para justificar laatribución de esa función a las Fuerzas Armadas: tradición de partici-pación política de las Fuerzas Armadas chilenas; intervenciones mili-tares de facto en el escenario político durante el presente siglo, y laconsecuente necesidad de darles una vía de expresión jurídica através de instituciones, como los Senadores designados y el Consejode Seguridad Nacional; teoría del Consejo Nacional de Seguridadcomo contrapeso de las Fuerzas Armadas a los poderes políticos, etc.El autor propone que a partir de los esenciales constitucionales, queforman parte del consenso político básico, se puede establecer un O SCAR G ODOY A RCAYA . Doctor en Filosofía, Universidad Complutense de Madrid.Profesor Titular de Teoría Política y Director del Instituto de Ciencia Política de la PontificiaUniversidad Católica de Chile. Miembro de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas yMorales del Instituto de Chile. Consejero del Centro de Estudios Públicos. * El autor agradece los valiosos comentarios de Lucas Sierra a este trabajo.  270ESTUDIOS PÚBLICOS orden lexicográfico de los distintos garantes del orden institucionalchileno. En ese orden, las Fuerzas Armadas tienen un lugar distintodel que le asigna la actual Constitución. l propósito de este trabajo es analizar las bases de la participa-ción de las Fuerzas Armadas en la vida política del país, en conformidadcon las atribuciones que les confiere la Constitución de 1980. Esas atribu-ciones se pueden condensar en la función genérica y global que el textoconstitucional consagra bajo la fórmula de “garantizar el orden institucionalde la República” 1 . La cuestión de fondo, a la cual pretendo dar una respues-ta, se plantea en los siguientes términos: ¿pueden las Fuerzas Armadas sergarantes de la democracia?La pregunta recién formulada está referida a la democracia chilena.Sabemos de antemano que los regímenes democráticos fundan la garantíade su propia existencia y desarrollo en la voluntad popular, librementeexpresada, y en las instituciones que derivan directa o indirectamente deella. La tradición política occidental le concede a este fundamento el estatu-to de principio de soberanía popular. De acuerdo con este principio, lasFuerzas Armadas son garantes derivados y subordinados: nunca garantesúltimos. La célebre cuestión platónica, ¿quién custodia a los custodios?, seaplica también en este contexto, porque los cuerpos armados, en una demo-cracia, tienen la función precisa de defender la soberanía y la integridadterritorial, siempre bajo la subordinación a la autoridad políticamente cons-tituida. Si se les concediese la facultad de garante último, nadie podríaactuar como sus custodios. En ese preciso instante, el principio de soberaníapopular quedaría suprimido, para radicarse en las Fuerzas Armadas. De estemodo, las instituciones y las prácticas democráticas solamente tendrían uncarácter vicario, dependiente de la voluntad del verdadero soberano. 1. La crisis del régimen político en 1973 1.1 Precisiones conceptualesUn primer eje de mi argumentación se refiere a la crisis del régimenpolítico en 1973. Acerca de esta grave coyuntura, cuyo momento culminan- 1 Constitución Política de la República de Chile (Editorial Jurídica de Chile, 1993).Art. 90, p. 69. E  ÓSCAR GODOY ARCAYA271 te es la caída del régimen del Presidente Salvador Allende, mi interpretaciónsigue la línea marcada por la sucesión: pérdida del consenso, vacío de poderpolítico y ocupación de la autoridad gobernante por las Fuerzas Armadas,acontecida el 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, antes de entrar en eltema, es necesario hacer algunas precisiones conceptuales, sin las cualesdifícilmente mis planteamientos podrían quedar claramente expresados. Esteejercicio, además, es necesario debido a la extraordinaria oscuridad con queactualmente se debaten estos temas.Cuando hablo de consenso me refiero al acuerdo unánime o cuasiunánime acerca de las bases del sistema institucional que configuran a unrégimen político. Se trata, entonces, de un sentido fuerte de consenso. Poresta razón, prefiero hablar de consenso básico . Esta forma de consentimien-to público respecto de sus contenidos se refiere a los elementos centrales ymínimos del régimen político. Desde el punto de vista del acto mismo deconsentir, hay que decir que en general los consensos básicos son tanto elproducto de largos períodos de desarrollo político, como de intensos ybreves procesos constituyentes. En algunos casos ni siquiera se expresan enun texto, en una constitución positiva, sino que se albergan en la costumbre.En esta última situación la unanimidad es atribuida a muchas generaciones,presentes y pasadas.Los elementos centrales y fundamentales acerca de los cuales trata elconsenso básico son los esenciales constitucionales 2 : sobre ellos descansano solamente el edificio de las instituciones políticas de una comunidad,sino también su modo de vida político. Por lo tanto, se refieren a lasestructuras institucionales así como a la cultura política desplegada a lolargo del tiempo.El consenso básico se aplica, en suma, sólo y estrictamente a los esenciales constitucionales . En alguna medida ambos integran aquella di-mensión de la historicidad de una comunidad que constituye el núcleo de suidentidad como pueblo: por esta razón se manifiestan como una continuidadque traspasa los tiempos. En cambio, no podemos considerar esencialesconstitucionales todas aquellas vicisitudes políticas y constitucionales, tran-sitorias y efímeras, que son el producto de las necesarias contingencias quecruzan la historia de un pueblo. En una constitución breve y sintética, comola norteamericana, el texto ha evolucionado muy lentamente a través de 2 John Rawls, Political L iberalism (Nueva York; Columbia University Press, 1993),pp. 227-230. Rawls distingue dos clases de constitutional essentials : los que se refieren a la“estructura general del gobierno y del proceso político” y aquellos relacionados con la demo-cracia, o sea, “la igualdad de derechos básicos y libertades que las mayorías legislativas debenrespetar”.  272ESTUDIOS PÚBLICOS enmiendas, que más bien explicitan las virtualidades de sus propios esencia-les constitucionales. En los países donde la tradición política ha consagradoel modelo de texto constitucional analítico francés, los esenciales constitu-cionales están inmersos en una gran cantidad de palabras ordenadas encapítulos y artículos. Tal tipo de texto, muchas veces, induce al error deconfundir disposiciones o instituciones transitorias con los esenciales cons-titucionales.¿Cuáles son los esenciales constitucionales chilenos? Hay una mane-ra de expresarlos, apelando a la idea de metaconstitución. O sea, a la idea deque en las Constituciones de 1833, 1925 y 1980 subyacen ciertos principiose instituciones mínimos, pero básicos, sin los cuales esos textos constitucio-nales no habrían existido ni guardarían las semejanzas que fácilmente en-contramos entre todos ellos. Esa metaconstitución discurre a lo largo denuestra historia como un continuo, a través del cual se expresa constante-mente la identidad política del país. La decisión constituyente incluyó enesa metaconstitución —y, en consecuencia, como esenciales constituciona-les— los principios de la soberanía popular y el sistema representativo, la prioridad de los derechos y libertades individuales, el régimen moderado por la división de poderes y el Estado de derecho. Tanto estos principioscomo las instituciones derivadas de ellos han servido de fundamento a lastres constituciones que ha tenido el país durante más de 160 años. Lasdiferencias entre las Constituciones de 1833 y 1925, una vez que se estabili-zaron como normas rectoras de la sociedad política, nunca fueron contradic-torias con ese núcleo esencial que es la metaconstitución. Hemos experi-mentado contradicciones de esa naturaleza —entre los esenciales constitu-cionales y áreas o partes del aparato constitucional— sólo durante la vigen-cia de la Constitución de 1980, como veremos más adelante. Tales contra-dicciones, percibidas por la opinión pública chilena, han sido objeto de unpermanente debate 3 desde que esa carta entró en vigor. Ello prueba larealidad y el poder de los esenciales constitucionales y, por lo mismo, laexistencia de una metaconstitución a la cual se apela, casi como por uninstinto cultural, si pudiéramos así expresarlo.Un fenómeno totalmente diferente a los que hemos expuesto fue elintento revolucionario de hacer borrón y cuenta nueva y substituir los esen-ciales constitucionales, largamente decantados en nuestra historia, por un 3 Este debate se agudizó durante el año 1995, a raíz del dictamen de la Corte Supremaque condenó a presidio al ex General Manuel Contreras, Director de la Central Nacional deInteligencia durante un período del gobierno militar. Este dictamen fue calificado de injustopor altos mandos de las Fuerzas Armadas, que durante dos meses intervinieron activamente enun áspero debate público.
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