8 Ana Fernandez Garay-Tehuelche Corregido

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  48 LA DESAPARICIÓN DE UNA LENGUA PATAGÓNICA: ’ EL TEHUELCHE O AONEK O ?A?JEN Ana Fernández Garay CONICET- Universidad Nacional de La Pampa Los tehuelches o aonek’enk, llamados también patagones, chewelches, o chewelchos, habitaban la región comprendida entre el río Santa Cruz y el Estrecho de Magallanes. Aunque existen todavía algunos hablantes que pueden recordar su lengua materna, el aonek’o ?a?jen, y que han colaborado como consultantes en la recolección del material lingüístico, la realidad
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  4848 L A DESAPARICIÓN DE UNA LENGUA PATAGÓNICA : EL TEHUELCHE O AONEK ’ O ? A ? JEN   Ana Fernández Garay CONICET- Universidad Nacional de La Pampa Los tehuelches o aonek’enk  , llamados también  patagones , chewelches, o chewelchos , habitabanla región comprendida entre el río Santa Cruz y el Estrecho de Magallanes. Aunque existen todavíaalgunos hablantes que pueden recordar su lengua materna, el aonek’o ?   a ?    jen , y que han colaborado comoconsultantes en la recolección del material lingüístico, la realidad es que ya no se utiliza como vehículode comunicación intragrupal. Esta lengua forma parte de la familia lingüística Chon junto con el teushen ,el selknam y el haush , estas tres ya totalmente extinguidas.Las investigaciones sobre el tehuelche o aonek'o ?   a ?    jen (‘habla sureña’) comenzaron enseptiembre de 1983 cuando nos instalamos junto con Martine Delahaye durante diez meses en laProvincia de Santa Cruz, con la intención de documentar la lengua de los últimos hablantes de esta etnia.A partir de 1984, regresé periódicamente con la finalidad de revisar el análisis de los materiales y ampliarel corpus de datos.Veremos a continuación cómo fue perdiéndose la lengua y la cultura de este grupo cazador-recolector. Una vez finalizada lo que se conoce como “la Conquista del Desierto” en 1880, e iniciado elpoblamiento de la Patagonia por parte del blanco, el problema más acuciante fue el de la sedentarizaciónde los aborígenes en lugares bien delimitados, con el objeto de evitar “las molestias” que causaba ungrupo nómade, que erraba de un lugar a otro con sus caballos y sus perros en busca de ñandúes yguanacos para cazar. Por esta razón, a fines del siglo XIX comienzan a crearse reservas aborígenes a lolargo y ancho de la Patagonia, con el fin de confinar a los indígenas en determinados lugares,generalmente inhóspitos y hostiles para el hombre. La creación de las reservas tiene como causa principalla decisión de introducir el ovino en la Patagonia, para lo cual se requiere la disponibilidad de tierras engran escala, para cubrir la importante demanda internacional de lana en primer lugar, y de lana y carnedespués, con destino a los mercados europeos, tal como lo explicita Barbería (1988: 18).En la Provincia de Santa Cruz se crea en primer lugar, la reserva Camusu Aike en 1898. De las50.000 Has iniciales, la reserva fue reduciéndose poco a poco hasta que en 1984 solo quedaban 11.200Has. Según datos no oficiales, hoy día la reserva se ha reducido aún más. Otras reservas creadasposteriormente, la del Lote 119 del Lago Viedma, y la del Lote 6, cerca del lago Cardiel, fueron dejadassin efecto en 1966, año en que el golpe de estado de Onganía derroca el gobierno constitucionalmenteconstituido. La última reserva tehuelche, en el año 1984 se mantenía aún como tal a pesar de lasreiteradas propuestas de levantarla con el fin de que sus tierras pasaran a manos de los blancos. Se ve queen menos de un siglo los tehuelches fueron despojados de las tierras que les habían sido asignadas. Ello sedebe principalmente, al significado mismo de lo que es una reserva. Determinadas tierras fiscales,generalmente las menos productivas, son declaradas reservas para concentración de indígenas, pero enningún caso se le otorga al grupo un título de propiedad sobre las mismas. Por lo tanto, y por diversasrazones, el gobierno de turno puede decidir su levantamiento. Por otro lado, una vez ocupadas las tierraspúblicas disponibles para la cría de ganado ovino hacia 1940, las reservas comenzarán a sufrir el asedio yel despojo por parte de los estancieros, quienes, a falta de tierras fiscales, pondrán su mira en losasentamientos indígenas. Se asiste así, a la instalación de intrusos en los campos asignados a losaborígenes y a la utilización de todo tipo de metodologías para apropiarse de ellos (véase Barbería, 1988:26). Las razones aducidas para justificar la intromisión son generalmente la explotación irracional de lastierras, o la no explotación de las mismas, así como la ausencia de aborígenes, pues se decía que habíablancos que convivían con indígenas y en especial chilenos. También se argumentaba que había queoponer el progreso, representado por el trabajo del blanco, a la vagancia, prostitución y alcoholismo delos indígenas, o que, si éstos hacían uso del suelo, en realidad requerían una extensión menor a laconcedida (Barbería, 1988: 32). En todas las reservas ha habido juicios contra intrusos blancos que poníananimales a pastar, a veces con el consentimiento de algún indígena, otros amparados por autoridades dellugar que no actuaban con la celeridad y fuerza necesarias como para evitarlo.Otro aspecto que debemos tener en cuenta es la disminución demográfica del grupo tehuelche.Los censos realizados en las reservas por el Consejo Agrario provincial de Santa Cruz muestranclaramente que los habitantes de las reservas iban disminuyendo notablemente.A la escasa población tehuelche existente para los años 80 -alrededor de cien descendientes aonek’enk  -, debemos agregar la pérdida de la lengua y la desarticulación de la cultura del grupo, resultadodel contacto con la sociedad dominante y de la marginación a la que fueron sometidos por parte delblanco. La selección de los consultantes para el trabajo lingüístico se hizo sobre la base de la memoria  4949 que poseían de su lengua. En un caso hubo que trabajar previamente entre dos y tres meses para que laconsultante pudiera recordar su lengua y construir oraciones. Ese hurgar en la memoria la llevaba adarnos, al comienzo, muchas variantes de una palabra o frase; eran los titubeos del que trata de recordarlo que hace mucho ha olvidado por falta de uso. Finalmente, pudo conversar con su hermana, aun cuandolos temas eran limitados debido al importante proceso de reducción léxica y desgaste estructural que sehabía operado en la lengua.Los datos expuestos, como dije, son de 1983-84. Desde entonces han fallecido varios de losinformantes con los que trabajamos. Los que viven todavía, y que colaboraron con nuestra tarea hace másde quince años, son muy ancianos en la actualidad. Podríamos afirmar que hoy es prácticamenteimposible reeditar el trabajo de recolección que se llevara a cabo por esos años.Para la segunda mitad del siglo XX, ya la lengua tehuelche se encontraba en una situaciónevidente de pérdida y deterioro avanzado y la cultura había sufrido transformaciones importantes. Lascausas que llevaron a la situación actual fueron las siguientes: 1) el contacto permanente con otrasparcialidades del complejo tehuelche, como los teushen y los gününa küne, con los que   manteníanrelaciones comerciales y/o matrimoniales que tuvieron consecuencias interesantes a nivel lingüístico ycultural, pues los matrimonios mixtos trajeron consigo, en ciertos casos, la pérdida de la lengua y de laidentidad de uno de los esposos; 2) el proceso de araucanización que se inicia hacia el siglo XVII ytransforma radicalmente el panorama lingüístico y cultural de la Patagonia argentina, ya que muchosgrupos tehuelches pasan a hablar el mapudungun , lengua de los araucanos o mapuches, venidos de Chileen busca de animales vacunos y equinos en estado salvaje, para su subsistencia; 3) la llegada del hombreblanco en 1520, y sobre todo, la “conquista del desierto”, campaña emprendida por el gobierno argentinoa partir de 1879 para acabar con las tribus que ofrecían resistencia a la acción colonizadora del blanco, loque da lugar a la ocupación sistemática de la Patagonia por los criollos e inmigrantes y al confinamientode los indígenas en reservas. A partir de estos hechos fundamentales se van a ir encadenando otra serie desituaciones que llegan a nuestros días y que han ejercido su acción funesta sobre el pueblo tehuelche .Si bien es cierto que los tehuelches o aonek’enk  nunca fueron numerosos (véase FernándezGaray, 1995b: 44-46), y que no hubo un exterminio por parte del blanco como ocurrió con los onas deTierra del Fuego 1 , lo cierto es que la desaparición física de la población tehuelche tuvo dos causasbásicas: las enfermedades y el alcoholismo, ambos introducidos por el blanco, y que causaron estragosentre los tehuelches (véase Musters, 1964: 258 y Barbería, 1988: 21).La vida de los tehuelches en reservas, totalmente opuesta a su nomadismo, ha sido otro de losfactores de desaparición de este grupo étnico. Al terminarse los animales en la reserva, debieron salir atrabajar en estancias vecinas como peones asalariados, lo que produjo el desmembramiento familiar y lanecesidad de aprender el español, lengua del grupo dominante. Esto llevó, por un lado, al desgajamiento ya la desestructuración de las comunidades y, por otro, a la desintegración de sus valores culturales y de sulengua.La educación obligatoria impartida por el Estado fue otra de las causas que operaron en contradel mantenimiento de la lengua y de la cultura vernáculas. El sistema escolar fue el medio que sirvió paraexpandir la norma lingüística y cultural del Estado argentino, a través de la ley 1420 de enseñanza común,gratuita y obligatoria, del año 1884, resultado del interés del gobierno de la época por la asimilación yhomogeneización de los distintos grupos étnicos que habitaban el país.Estas transformaciones se vieron incrementadas por la discriminación de la que fue objeto elindígena por parte del blanco. El rechazo y el desprecio de la sociedad dominante llevó a los indígenas aasemejarse lo más posible al blanco para evitar la estigmatización, borrando aquellas “marcas deetnicidad”, como la lengua, y otros aspectos culturales, como la vivienda, la vestimenta, la religión, etc.Otros aspectos que contribuyeron a la extinción de la lengua y a la transformación de la culturade los tehuelches fueron el servicio militar obligatorio, los medios de comunicación como la radio atransistores -que invadía el espacio doméstico incorporando pautas de vida propias del blanco en mediode la familia tehuelche-, los centros asistenciales de salud, la administración pública centralizada y lanecesidad de trabajo remunerado; todo ello los ponía en contacto con la lengua nacional y la culturahegemónica, lo que culminó en la transformación cultural y lingüística del grupo y su disolución comogrupo étnico en medio de la sociedad mayoritaria. Hacia la década del 80’ sólo unos pocos seidentificaban a sí mismos como tehuelches. Los de afuera, a su vez, solamente podían identificarlos comotales cuando habitaban las reservas indígenas. Se volvía más difícil si vivían en pueblos y ciudades de laprovincia. 1 Chapman (1973: 3-4 y 1998: 13) nos dice que durante las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX, los selk’nam fuerondiezmados por los blancos. Muchos murieron a causa de enfermedades transmitidas por éstos, pero muchos otros fueron asesinadospor los cazadores de indios, personajes siniestros que cumplían órdenes de los hacendados de Tierra del Fuego, quienes ofrecíandinero para que los mataran, con el objetivo de erradicarlos de sus tierras y dedicar éstas a la cría de la oveja. Se cuenta que pagabanuna libra esterlina por oreja, cabeza o testículos de indígenas (véase también Martínez Sarasola, 1992: 313-314 y 528)  5050 Sin embargo, en 1983, con el fin de la dictadura militar en la Argentina y la recuperación de lademocracia, comienzan a reconocerse los derechos aborígenes en nuestro país, lo que lleva a sancionar enFormosa la Ley Provincial del Absrcen 426 en el año 1984, que resulta un modelo fundamental para lasanción de la Ley Nacional sobre política indígena y apoyo a las comunidades aborígenes No. 23.302, ypara otras leyes provinciales que se van promulgando en los años siguientes. En 1994, con la Reforma dela Constitución Nacional, se deroga el artículo 65 de la Constitución sancionada en 1853, que otorgaba alCongreso Nacional la facultad de mantener a los indígenas en reservas y convertirlos a la religióncatólica. El mismo se remplaza por el artículo 75, inc. 17, que dice lo siguiente: “Corresponde al Congreso: Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblosindígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educaciónbilingüe e intercultural, reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas seráenajenable, transmisible, no susceptible de gravámenes ni embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses quelos afecten. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.” (véaseGerzenstein y otros, 1998: 5)   Esta situación generó cambios fundamentales en los grupos aborígenes del país. Muchosindígenas que hasta entonces habían negado su pertenencia a determinado grupo étnico pasaron a sentirseorgullosos de su srcen, y comenzaron a asociarse reclamando por las tierras de sus antepasados, eintentando la revitalización de sus lenguas y culturas. C ONCLUSIONES   Volviendo al tema de nuestro trabajo sobre la extinción de la lengua tehuelche, observamos quelas actitudes que muestran los hablantes son de lealtad y orgullo hacia su lengua y su cultura, no porque loexpliciten, sino porque todos ellos han mantenido la lengua e intentan preservar en su memoria aspectosde su cultura, a pesar de la actitud negativa del contexto, es decir, del rechazo hacia su lengua vernácula,borrada de la educación formal por gobiernos que consideraban que el español era la lengua que vendría aremplazar todas las lenguas indígenas, así como las lenguas inmigratorias, por aquello de “un Estado, unalengua”.En cuanto a las representaciones, debemos tener presente que a fines del siglo XIX y en laprimera mitad del XX prevaleció un discurso negativo hacia el indígena que llevó a hacerlos desaparecerde la historia y de los manuales escolares. Se hablaba de los grupos indígenas argentinos en pasado, comosi ya no existieran en el presente. La representación que prevaleció en los cuadros gubernamentales era laque consideraba al absrcen un inepto y un incapaz, razón por la cual el gobierno debía “protegerlos”legalmente, impidiendo que sus tierras pasaran a nombre de las comunidades. En algunos casos, laopinión del blanco iba más allá, sobre todo cuando se daban razones para justificar la situación deexclusión en la que se encontraban. Así el abogado defensor de un ocupante ilegal en la reserva del Lote6, Santa Cruz, dice: “A los indios hay que eliminarlos de la Patagonia, y sólo existen dos caminos paraello, o se los mata o se los mestiza, porque no se puede ni se debe perpetuar una raza inferior y que esperjudicial para el país. Los indios son rateros, o ladrones, haraganes, ebrios y tienen todos los viciosimaginables” (Expedientes del Consejo Agrario Provincial, Reserva Camusu Aike, Años 1914 a 1977).Esta visión negativa del indígena se manifestó también para con la lengua y la cultura de los distintosgrupos. Trabajando con otro grupo étnico patagónico, los ranqueles , el dueño de una estancia de laprovincia de La Pampa nos dijo que, siendo pequeño, solía escuchar a los peones ranqueles quetrabajaban con su padre en tareas rurales, y que lo que hablaban estos indígenas era un “murmullo”, nouna lengua. Ni siquiera le dio estatus de “dialecto”, como suelen llamar a las lenguas aborígenes aquellosque las consideran inferiores. El “murmullo” al que aludía este señor ubicaba la lengua de los ranquelespor debajo de una lengua inferior, prácticamente al nivel de los sonidos naturales como los producidospor animales. Ante esta situación reinante, el indígena optó por abandonar su lengua y su cultura, lo quellevó al “suicidio” 2 del ranquel, así como de otras lenguas, entre ellas, el tehuelche. Los mayores decidíanno transmitirla para que sus hijos no estuvieran sometidos al rechazo que ellos mismos habían sufrido.Los consultantes registrados a fines del siglo XX manifestaron discursivamente situacionesdesoladoras basadas en su propia experiencia y en la vida cotidiana del grupo, en las que la lengua ya se 2 Para Denison (1977: 21) el suicidio de una lengua implica la voluntad social de no transmitirla a los hijos, hecho bastante común ensituaciones de muerte.  5151 halla prácticamente extinguida y los diferentes aspectos culturales (cantos de linaje, comidas, la viviendatradicional, las capas de cuero de guanaco) son sólo rememorados por estos tehuelches, porque ya se hanperdido.El hecho de que niños, jóvenes y adultos ya no hablen el tehuelche nos remite a un corte en latransmisión intergeneracional difícil de superar, aunque no imposible. Si bien es cierto que solamente conla voluntad de la comunidad se podrá llevar adelante un proceso de revitalización, también es necesaria laacción gubernamental y el apoyo institucional y económico para alcanzar resultados satisfactorios. Enesta cuestión, corresponde a los lingüistas, por un lado, la tarea de formar jóvenes en la disciplinalingüística dentro de la misma comunidad, aquellos que presenten gran interés por recuperar la lengua y lacultura de sus antepasados, y, por otro, la de describir en detalle estas lenguas generando gramáticas ydiccionarios, con la intención de producir materiales para llevar adelante la revitalización de las lenguasen proceso de extinción. De esta manera, y a partir de un trabajo mancomunado, se podrá llevar adelantela recuperación de la lengua y de la cultura del grupo, en la que los aborígenes tendrán un rol activo ydestacado, ya que de ellos depende el éxito de esta empresa. R EFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS   BARBERÍA, E. 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